Corría octubre de 1843 cuando Dickens se propuso un reto imposible: escribir una historia de Navidad completa en apenas seis semanas. Tenía problemas económicos, presión editorial y una familia que mantener. Lo logró, pero pasando muchas menos horas de las que crees sentado a su escritorio.
Mientras Londres dormía, Dickens salía a caminar. No hablamos de paseos tranquilos hasta la esquina. Hablamos de caminatas nocturnas de entre 24 y 32 kilómetros por las calles londinenses. Sabía intuitivamente que moverse no era procrastinar, sino trabajar. Su cerebro necesitaba el movimiento para desbloquear las ideas y desarrollar las escenas. Mientras sus pies recorrían kilómetros, su mente estaba escribiendo.
El resultado de aquellas caminatas fue Cuento de Navidad. En apenas mes y medio, completó una obra que llevaría el espíritu navideño a generaciones enteras. Una historia que hoy, casi dos siglos después, seguimos leyendo, adaptando y reinterpretando. No solo la escribió rápido, también la escribió bien. Con emoción genuina (su cuñada contaba que lloró y rio mientras escribía), con personajes memorables y con un mensaje que todavía resuena.
Así que si esta Navidad te encuentras mirando el cursor parpadeante sin saber qué escribir a continuación, tal vez necesites hacer lo mismo que Dickens. ¡Ponte las botas y sal a caminar! No necesitas recorrer 32 kilómetros (aunque puedes intentarlo), pero sí necesitas recordar que escribir no es solo teclear.
Si funcionó para crear uno de los mejores cuentos navideños de la literatura, ¿quién dice que no puede funcionar para ti?
Feliz Navidad y feliz escritura.
