Adictos a la analepsis

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La analepsis es una herramienta narrativa que muchos escritores usan sin saber ni cómo se llama en realidad. Dicho de forma sencilla, es el salto hacia el pasado dentro de un relato. Vamos, el flashback de toda la vida. Y como con toda herramienta de escritura, el problema no es usarla, sino usarla sin una razón clara.

Una analepsis no debe ser contar el pasado por contar, sino una decisión narrativa consciente y necesaria. Debe interrumpir el presente del relato para mostrar un hecho anterior que cambie la percepción de lo que está ocurriendo en el ahora. Es decir, que si no modifica la lectura del presente, no es una analepsis eficaz, sino información mal dada o colocada.

Muchas analepsis fallan porque se limitan a explicar antecedentes que podrían insinuarse de otra forma, o directamente no insinuarse, porque los lectores no necesitan saberlo todo, necesitan saber lo justo en el momento adecuado.

Cómo usarla bien

A veces los escritores recurren a la analepsis por falta de seguridad. Llegan a tal grado de conocimiento sobre sus personajes que quieren transmitir toda esa información a los lectores, que estén minuciosamente al día sobre sus traumas o decisiones en el pasado, simplemente porque sienten que, si no, el texto no se va a entender como quieren. Pero en realidad lo que no están sabiendo hacer es mostrar el presente.

Hay que tener claro que, cada vez que se para el presente para ir al pasado, le estás pidiendo al lector que haga un esfuerzo extra. Y si ese viaje no merece la pena, el ritmo se resiente y el interés se desvanece. Por eso es fundamental que ese tránsito revele algo que resignifique el presente: que altere el sentido de una decisión, que cambie la relación entre personajes, que añada una capa emocional que antes no estaba... Nunca para, simplemente, aclarar las cosas.

En realidad la mejor manera de emplearla es aprendiendo a renunciar a ella. La mayoría de las veces es mejor que trabajes el pasado desde el presente, filtrándolo a través de gestos, silencios, decisiones y contradicciones. Dejar el pasado en su sitio es la mejor decisión narrativa si consigues recrearlo en el presente.

Quédate con esto: una analepsis funciona cuando nace de una necesidad interna del texto, no de tu miedo a que no se te entienda.

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