Si de pronto detectas en un texto que un escritor no ha contado algo, no pienses primero que se trata de un descuido, sino en la razón por la que no ha querido contarlo. Vale que de verdad puede que falte información, sobre todo en primeros borradores que no han pasado por un lector, pero en una historia revisada, editada y publicada, claramente estás ante un caso de silencio narrativo.
En narrativa, el silencio también habla
El silencio narrativo es todo aquello que el autor decide no explicar de forma directa, pero cuya presencia se percibe bajo la superficie del texto. Su empleo convierte la lectura en una experiencia interactiva, ya que, como lectores, participamos de manera consciente en contemplar e interpretar ese espacio significativo, involucrándonos en la construcción del significado y estableciendo una conexión más íntima con la historia. También produce el efecto de sentirnos más inteligentes, todo hay que decirlo.
Si rápidamente quieres ver cómo funciona en la práctica, lee este breve cuento de Carver.
El silencio narrativo parte de la idea de que, cuando un texto lo explica todo, apenas nos deja espacio para imaginar y que si gran parte de la fuerza de la historia proviene de lo que precisamente queda suspendido entre líneas, será más inolvidable cuando lo descubramos nosotros solos.
Así que si quieres trabajar sobre aquello que intencionadamente no se dice, toma nota de algunas técnicas y herramientas clásicas.
Cómo construir un silencio narrativo
A través del subtexto. Probablemente la herramienta más importante para crear silencios narrativos. Los personajes dicen una cosa, pero sienten otra. Cuando, como pasa en el relato de Hemingway El fin de algo, dos personajes discuten sobre la pesca y el tiempo mientras en realidad hablan de una ruptura, el silencio está trabajando debajo de las palabras.
Dejando escenas fuera de campo. El cine lo utiliza constantemente, como cuando escuchamos un disparo, pero no vemos lo ocurrido. En literatura sucede algo parecido. No mostrar directamente ciertos momentos puede intensificar su impacto. Las acciones pueden resultar más poderosas si llegamos a ellas a través de las consecuencias y no del acontecimiento explícito.
Utilizando pausas y detalles mínimos. A veces el silencio aparece en pequeños gestos (una taza que no se recoge de la mesa, una llamada perdida, un personaje que tarda demasiado en responder). Los detalles cotidianos pueden contener una enorme carga cuando el texto no los sobreexplica.
Quédate sobre todo con que escribir también es saber callar, que a muchas historias no les falta contenido sino que es invisible y que a veces conviene más confiar en la sugerencia que en la explicación constante.
