El obligado conflicto

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En los talleres de escritura el conflicto narrativo suele definirse más o menos de la misma manera: el obstáculo necesario en una historia que impide al personaje alcanzar lo que desea. Es una definición básica y útil, pero tal vez un poco estrecha. Es importante que sepas que el conflicto no es un requisito sagrado, sino una herramienta. Es solo una fricción que interrumpe una calma previa y que pone al personaje ante una decisión o lo empuja a actuar.

El conflicto no tiene por qué ser una pelea, un desastre o un gran acontecimiento dramático. Hay historias que te lo exigirán, pero no siempre necesitas hacer ruido, sino que a veces basta con generar un desajuste, algo que no encaje, que obligue al personaje a reordenar su mundo en algún sentido.

Imagina por ejemplo que tienes un personaje que se está probando un traje frente al espejo antes de acudir a una cena. Simple, ¿no? Ahora piensa que lleva semanas evitando esa cena, incluso ha puesto excusas o rechazado la invitación en veces anteriores. De pronto tienes una escena en la que parece que no ocurre nada extraordinario pero cargada con una sutil tensión generada por un conflicto. A veces el conflicto es algo que no se ve, pero se nota.

El conflicto nace antes del inicio

Esta clave a mí me resultó muy útil. El conflicto no aparece cuando empieza la historia sino que ya existe cuando el lector llega. Lo normal es que el personaje traiga algo de antes que marca su forma de actuar y da profundidad a cada decisión y que, como escritor, te ayuda a que lo único que tengas que hacer es poner luz donde está evitando mirar. Así, el punto de inicio narrativo se sitúa en un momento en el que ese conflicto previo alcanza un punto de presión que exige una reacción.

Otro ejemplo: tenemos un personaje que tiene que aprobar un examen pero no consigue sacar tiempo para estudiar. ¿De acuerdo? Ahora cambiemos el enfoque. Resulta que ese personaje está convencido de que no es inteligente y el examen es la excusa perfecta para confirmar lo que cree de sí mismo. ¿Ves la diferencia? La falta de tiempo no es el conflicto, solo revela la verdadera fricción.

Entender esto te permite construir personajes que no reaccionan porque la trama lo necesita, sino porque ya estaban en tensión desde antes de que el lector llegara.

La sorpresa no es necesaria

Muchos escritores buscan un conflicto brillante, pero lo que de verdad importa es la hondura. Lo interesante no es la originalidad del conflicto en sí, sino la forma en que se encarna, se desarrolla y transforma la vida de tu personaje. Funciona cuando no es solo un obstáculo externo, sino una batalla emocional reconocible que conecta con el que lee la historia.

Así que olvídate de crear giros imposibles y céntrate en comprender la tensión interna que sostiene a tu personaje y manifiéstala en cada escena, incluso en las aparentemente triviales. Un conflicto sencillo puede sostener una novela entera si encaja con la mirada del personaje.

Tres formas apropiadas de trabajar el conflicto

Haz que el conflicto sea contradictorio. Es decir, que tu personaje no solo quiera conseguir algo, sino que quiera dos cosas igual de importantes pero incompatibles. Por ejemplo, quiere ser sincero pero teme que, al hacerlo, pierda algo. Quiere confiar en alguien por primera vez en años, pero necesita no poner en riesgo su coraza. Quiere marcharse de su ciudad pero debe cuidar de las personas con las que convive...

Incluye resistencia. Si un personaje mejora, corrige sus errores o supera sus bloqueos demasiado deprisa, no es creíble. La resistencia retrasa la transformación y demuestra que cambiar cuesta. Las vueltas atrás o los intentos fallidos ayudan a mostrar la profundidad del personaje y su evolución cobra más valor cuando decide avanzar a pesar de todo.

Presenta el conflicto de distintas maneras a lo largo de la narración. Puedes mostrarlo primero como una incomodidad que el personaje prefiere no mirar. Luego como una presión que ya no puede ignorar. Más adelante como un punto medio donde intenta sostener los dos impulsos a la vez. Finalmente como una confrontación directa que lo obliga a elegir. Esta progresión convierte un conflicto en un recorrido dramático en cualquier historia. Prueba a llevarlo a los ejemplos que te he dado antes.

Tu historia decide lo que necesita

Después de todo lo que te he contado, ahora toca decirte que una historia puede funcionar sin conflicto. Mira Las olas de Virginia Woolf, que no tiene trama en el sentido convencional ni giro final que lo cambie todo. Esta obra funciona porque busca otra cosa, no persigue una tensión concreta sino una experiencia acumulativa.

Así que si decides incluir conflicto en tu historia, es importante que sepas qué va a hacer en tu libro y si lo necesitas de verdad. Escribir, la mayoría del tiempo, consiste en ir quitando lo que estorba, y con el conflicto sucede lo mismo. No hace falta levantarlo en exceso. Tampoco adornarlo. Basta con dejarlo avanzar con naturalidad. Claro. Simple. Seguro.

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