J.D. Salinger dijo una vez: «Lo que realmente me deja atónito es un libro que, cuando terminas de leerlo, deseas que el autor que lo escribió fuera un gran amigo tuyo y pudieras llamarlo por teléfono cuando quisieras». No hablaba de tramas, ni de personajes, ni de estructuras, ni de giros argumentales. Hablaba de lo que realmente hace que un libro traspase la frontera: conseguir conectar con el lector.
El verdadero pacto entre escritor y lector
Piensa en los libros que recuerdas con cariño y sigues recomendando. ¿Qué tienen todos en común? Probablemente sentiste que ese libro estaba hecho para ti. Eso es conexión. Y eso es lo que todo escritor debería perseguir. No se trata de caer bien a todo el mundo ni de escribir para el gran público. Se trata de ser auténtico y específico. Tan específico que conviertas tu obra en universal.
Lo maravilloso de la relación entre escritor y lector es que ocurre en la distancia, en el tiempo, a menudo sin que ambos lleguen a conocerse. Tú escribes en la soledad de tu cuarto, consigues publicar y, meses o años después, alguien abre tu libro en otro rincón del mundo y acabas de descubrirle un mundo. Eso es con lo que te tienes que quedar. No con la fama, no con los premios, no con las cifras de ventas. Con saber que alguien, en algún lugar, cerró tu libro y pensó: «Me gustaría conocer a quien escribió esto».
Muchos escritores se preocupan más por parecerlo que por conectar con sus lectores. Escriben para impresionar, para sonar literarios, para encajar en un género o satisfacer una tendencia. Pero Salinger nos recuerda algo esencial: los libros que importan son los que crean amistad, no admiración. No escribas para que te aplaudan. Escribe para que alguien sienta que has puesto palabras a su silencio.
Hay una pregunta que deberías plantearte de vez en cuando: ¿Qué libro necesitas leer? Ese libro que te ayude a entender lo que estás viviendo, o sentirte menos raro, o menos solo, o menos equivocado. Ese libro es en el que debes trabajar. Porque si tú necesitas que exista, alguien más también. Y cuando esa persona lo encuentre, sentirá exactamente el deseo de llamarte por teléfono.
